¿Paciente o cliente? Se busca nombre para quien quiere sanar

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¿PACIENTE O CLIENTE? SE BUSCA NOMBRE PARA QUIEN QUIERE SANAR

Por Adriana Cortés (*)

Quienes trabajamos en terapias complementarias nos encontramos, desde hace años, ante un vacío lingüístico para definir a las personas que vienen a nuestras consultas. Partiendo de la base de que estas terapias naturales implican al 100% una participación activa de la persona en su propia sanación cómo podemos llamarles ¿pacientes? O ¿clientes?.

Antes de considerar cada término, entendamos por qué es importante encontrar una palabra que defina el concepto global de la persona que quiere sanarse, pues no vale simplemente creer que es “un nombre sin más”. Desde la neurolingüistica se conoce a fondo la fuerza que tiene la palabra en nuestro cerebro, especialmente a nivel del inconsciente, de tal manera que todo término que conlleve un concepto de fondo y varias veces repetido, termina por hacerse verdad en la mente de la persona.

Así, si hablamos de las personas que acuden a la consulta como “pacientes”, entendemos que se trata de un ser pasivo, que de manera resignada entrega su proceso de salud a otra persona más conocedora del tema. Ese es el caso que con tanta frecuencia se ve en los centros médicos donde se delega toda la responsabilidad de mejora en los sanitarios porque “ellos son los que saben”. Según la Real Academa Española, la raíz del término “paciente” traduce ‘padecer, sufrir’, ‘tolerar, aguantar’. Pero esto es exáctamente lo opuesto de una verdadera sanación.

Una terapia complementaria, o incluso también la medicina integrativa, exige que la persona se involucre directamente en su sanación, de manera que además de tomar la medicación y recibir el tratamiento médico correspondiente, realice cambios hacia una alimentación responsable y curativa, escuche a su cuerpo para darle el movimiento y el descanso que requiere, entre en su mente para analizar qué emociones o sucesos le siguen perturbando desde el inconsciente y trabaje con sus energías para eliminar los bloqueos que pueda tener. Esto es lo contrario del término “paciente”, que implica resignación, mansedumbre y falta de acción consigo mismo.

¿Y qué decir del término ‘cliente’? Este conlleva el rechazo de casi todos los terapeutas complementarios por considerarlo totalmente mercantilista y comercial, un poco frío para manifestar una relación que suele ser cálida e incluso entrañable.

Así que nuestro idioma, tan rico y abundante, tiene en deuda con el mundo de la sanación un término que defina a sus usuarios. ¿Se te ocurre alguno diferente?

(*) Adriana Cortés es comunicadora social, coach y terapeuta.

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